El caso es que en un intercambio de tweeets con @dsubies revelé que soy usuario de Opera y él me preguntó por qué usaba Opera. Como 140 caracteres no dan para muchas explicaciones le dije que le respondería por aquí. Así que, mucho tiempo después, aquí esta la respuesta.
En los tiempos en los que empecé en esto las únicas alternativas serias que había eran Internet Explorer (perdón, he dicho serias) y Netscape Navigator. Poco después descubrí Opera, que incluía interesantes innovaciones como las pestañas, el bloqueador de pop-ups y un gestor de descargas. Casi al mismo tiempo empecé a adentrarme en Linux y una de las cosas que más me desesperaban eran el horrible aspecto, el incómodo toolkit, que creo recordar que era alguna variante de Athena (esto no lo puedo explicar, los que lo hayan vivido lo entenderán) y la inestabilidad del Netscape de Linux. Poco después, al mismo tiempo que Netscape iba muriendo lentamente a manos de AOL, aparecía Firefox que se caracterizaba por su voracidad de recursos y su lentitud, reforzando mi apuesta por Opera. Si a todo eso añadimos que hasta hace poco yo solía tener ordenadores que iban varias generaciones por detrás de los actuales, la elección de un navegador ligero no era trivial.