Nov 28 2014

«La ciencia es solo una opinión», dijo el posmoderno

«La ciencia es solo una opinión, igual de válida que cualquier otra» dijo el posmoderno en un tuit escrito desde su smartphone con conexión 4G mientras se decodificaba el flujo MEPG recibido a través de un cable de fibra óptica que permitiría estimular los electrodos que polarizan el cristal que dará forma a la imagen de Eduard Punset en su televisor. El mismo flujo MPEG era decodificado también en una serie de impulsos electricos que provocaban perturbaciones en el aire que llegaba a sus oídos para convertirse en el sonido de las palabras del exministro liberal repitiendo que la intuición proporciona un conocimiento más válido que la razón.

Fuera hacía buen día y las predicciones meteorológicas basadas en los conocimientos físicos, químicos y termodinámicos disponibles decían que el buen tiempo se iba a mantener durante varios días, según la información recopilada por el satélite mantenido para tal fin en una órbita geoestacionaria estable gracias a los cálculos de la física newtoniana con los ajustes necesarios de la teoría de la relatividad.
Sin embargo, una preocupación no le permitía disfrutar del buen día: estaba esperando los resultados de la biopsia de un bulto extraño que había notado y le preocupaba que al final necesitase quimioterapia. Tiene un amigo con insuficiencia renal que tiene que hacer hemodiálisis a menudo y sabe lo que es que su vida dependa de tener que ir a cada poco a conectarse a una máquina. Sabía que podía seguir con vida gracias a la hemodiálisis, pero sabía también el incordio que suponía que su vida dependiera de ello. Siempre había sido consciente de que la situación de su amigo era algo difícil, pero nunca hasta hoy había pensado en lo que supondría ponerse en su lugar. Así que pensó en darle un poco de apoyo a su amigo y de paso pedirle algún consejo sobre como afrontarlo.

Fuente: xkcd

Fuente: xkcd

Salió de su casa en su coche híbrido con su motor que transforma en movimiento los gases a alta presión generados por la combustión y que aprovecha la energía cinética disipada en el frenado para cargar un motor eléctrico auxiliar. Hacía algo de sol, así que se puso sus gafas que polarizan los haces de luz que alcanzan sus ojos para difractarlos de forma que no le deslumbren.
De paso que iba a visitarlo, su amigo le pidió que pasara por la farmacia a coger el complejo vitamínico que cubría sus carencias de vitamina B12 debido a una dieta vegana. Aunque era nuevo en la ciudad, llegó sin problemas a la farmacia gracias a las indicaciones recibidas por el programa de su smartphone basándose en la información recibida por la constelación de satélites geoestacionarios que forman el sistema GPS.
Cuando llegó a la farmacia, la puerta se abrió automáticamente gracias a la interrupción del flujo de fotones hacia la célula fotoeléctrica que se produjo al interponerse su cuerpo. La farmacéutica identificó el producto con su lector de códigos de barras para registrar la venta y él pagó con tarjeta acercándola al lector que decodificaría su chip.

Estaba cansado y mañana tenía que coger un avión que, usando unas alas diseñadas para aprovechar lo que sabemos sobre las propiedades de los fluidos, lo transportará a la otra parte del mundo en solo unas horas.
Así que antes de acostarse, se sirvió un vaso de leche debidamente pasteurizada para reducir su población de agentes patógenos hasta niveles seguros para el consumo humano y la introdujo en el horno microondas para que, a través de ondas electromagnéticas de alta frecuencia, se puedan estimular eléctricamente las moleculas de agua y otros dipolos eléctricos produciendo una disipación de energía en forma de calor calentando su vaso de leche. Para que la leche no se calentase demasiado y se desbordase, premaneció al lado del microondas vigilando el vaso gracias a la puerta semi transparente del microondas protegida con una malla metálica con perforaciones mucho mayores que la longitud de onda de la luz, lo que le permite ver el interior, pero mucho menor que la longitud de onda de las microondas, lo que le permite asegurar que las microondas no salen del interior y puede observar con seguridad.

Decidió que antes de acostarse, iba a ver un rato la televisión. Estaban hablando del dinero invertido en el CERN. «Cuánto dinero gastado en algo que no vale para nada en nuestra vida del día a día –pensó–. Dinero gastado en una ciencia arrogante que se cree que es la única en posesión de la verdad y que en su lugar se podría gastar en solucionar problemas reales».

Fue a cepillarse los dientes, lo que le permitía confiar en que probablemente fuese a conservar su dentadura hasta el final de sus días. Y lo hizo con el agua que salía de su grifo tras un proceso de cloración que le permitía asegurar que era apta para consumo humano, pudiendo dormir una noche más sin tener que preocuparse del cólera.

En esta fábula, el autor se aventura a tratar temas de los que tiene un conocimiento superficial y que claramente escapan de sus capacidades. Por eso, cualquier corrección o matización sobre los conceptos científicos y tecnológicos tratados será bienvenida.

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