Dec 15 2015

Anumerismo con anteojeras ideológicas

Aunque todavía no lo recoge el diccionario, está muy extendido el término anumerismo para referirse a la incapacidad para entender correctamente datos numéricos y conceptos matemáticos aplicados a la vida cotidiana. Los que me conocen ya saben que mi categoría favorita son los anecdatos: esos datos que, aún siendo veraces, no aportan información útil en el contexto que se pretende. Es el caso por ejemplo del típico titular «Andalucía, la comunidad autónoma con mayor número de autónomos». Es un dato veraz, pero no aporta información útil: ya que Andalucía también es la comunidad autónoma más poblada, es de esperar que también sea la que más autónomos tiene.

Pero no voy a hablar de anecdatos hoy. Voy a hablar de cómo el anumerismo, la incapacidad para interpretar correctamente un dato numérico, se puede ver reforzado por las anteojeras ideológicas. Llamamos anteojeras ideológicas a ese sesgo que aplicamos cuando interpretamos la información de forma que favorezca a nuestra ideología, como unas anteojeras que nos impiden ver toda la realidad y nos fijamos solo en esa pequeña parte hacia donde nos enfoca nuestra ideología. Incluso dos sucesos similares podemos interpretarlos de forma distinta si solo cambian los protagonistas para dar un punto de vista benévolo o desfavorable dependiendo de cuál sea nuestra afinidad hacia los implicados.

Si es fácil y habitual cometer despistes en la interpretación de datos numéricos, este tipo de errores son más fáciles de cometer cuando estamos bajo la influencia de las anteojeras ideológicas. Cuando encontramos un dato que nos parece que podría perjudicar a nuestro adversario (o reforzar los puntos de vista de nuestros afines), rebajamos nuestro espíritu crítico y somos más proclives a aceptarlo esforzándonos menos en intentar verificar si lo que representa ese dato es lo que nos pareció en una primera impresión y que favorece nuestro punto de vista.

Veamos con un ejemplo cómo las anteojeras ideológicas pueden llevarnos a sostener un argumento apoyándolo con datos que, aunque veraces, si lo pensamos un poco no representan lo que pretendemos.

En este tuit se cita uno de Izquierda Unida que afirma que, en los casos en los que una familia tiene un hijo y una hija que quieren ir a la Universidad, si la familia no puede enviar a los dos, escogerá enviar al hijo. Yo tengo mis propios motivos para dudar de la veracidad de esta afirmación. El primero de ellos es que no se aporta ningún dato que la respalde, pero además, según mi experiencia, lo más habitual en esos casos es que sea la hija la que va a la Universidad ya que el hijo tiene más opciones de acabar dedicándose a algún trabajo manual que no requiera titulación universitaria. Pero, al igual que le sucedía a Izquierda Unida, no tengo ningún dato para sustentar esta suposición que solo se basa en mis propios sesgos y experiencia personal.

Sin embargo, @clubdeviernes aporta el dato de que, según Eurostat, hay 115 universitarias por cada 100 universitarios, lo que desmontaría la hipótesis de Izquierda Unida al comprobarse que hay más mujeres en la Universidad. Pero, si nos paramos a pensar un rato lo que significa cada dato, podemos ver que no están directamente relacionados y que la afirmación de IU no se ve refutada por el dato de Eurostat.

El principal motivo por el que el simple hecho de que haya más mujeres no invalida la afirmación de IU es que no todos esos hombres y mujeres llegaron a la Universidad atravesando esa criba. La mayoría pertenecen a familias en las que sí que se pueden permitir enviar a más de un hijo a la Universidad. De los estudiantes que hay en la Universidad, ¿cuáles pertenecen a familias que tuvieron que escoger a quién enviaban a la Universidad privando a alguno de sus hijos de esos estudios? Me parece un dato muy difícil de calcular objetivamente. Especulemos que sea el 5%, porcentaje que aún me parece algo alto, pero que si aún así fuera, ¿sería suficiente para que su efecto sea significativo en la diferencia total de alumnos y alumnas permitiendo aceptar o rechazar la afirmación de IU?

Pero aún hay más: el planteamiento de Izquierda Unida se ejemplifica con una situación idealmente paritaria en la que la descendencia de la familia se compone siempre de un hijo y una hija. Esto, obviamente, no es así. De entre el pequeño porcentaje de estudiantes que llegaron a la Universidad teniendo que privarse alguno de sus hermanos de ello, algunos pertenecerán a familias en las que hay más de dos hermanos o, incluso, la distribución de sexos entre los hermanos no será al 50%, lo que hace que la afirmación y su verificación sea aún más compleja de lo que se pretende.

¿Qué aporta el dato de Eurostat con respecto a la afirmación de Izquierda Unida de que en las familias que no se pueden permitir más de un hijo en la Universidad elegirán prioritariamente a sus hijos varones? Nada, realmente. Pero incluso aunque estuviéramos dispuestos a aceptar que la afirmación de IU es fácilmente verificable y se puede comprobar con los datos de Eurostat (una gran concesión), hay muchos otros factores que influyen en la proporción entre sexos y que diluirían el factor de la elección sexista de las familias sin recursos, en caso de que tal factor realmente exista.

Por ejemplo, la carrera elegida. La misma estadística de Eurostat indica que, mientras el 80 % de estudiantes universitarios de la UE son mujeres, ese porcentaje cae hasta el 26 % en ingenierías. Así que, por los motivos que sean, parece que el sexo también es un factor a la hora de elegir carrera. Y distintas carreras pueden tener distinta duración y dificultad.
El mismo estudio de Eurostat indica, además, que las mujeres tienen un 27 % más de éxito a la hora de terminar sus estudios, lo que sin duda también influye a la hora de encontrar más mujeres en la Universidad.
Si los años de permanencia en la Universidad también se distribuyen de forma distinta entre sexos, ya tenemos otro factor que influye en el total de estudiantes de cada sexo, ya que el dato de Eurostat se refiere al número de universitarios de cada sexo durante 2012.

Incluso, qué locura, hay gente que ni siquiera quiere ir a la Universidad. Puede que haya más mujeres en la Universidad porque, por el motivo que sea, son más proclives a elegir hacer una carrera universitaria y que, si no existiera (en el caso de que exista) la tendencia que denuncia IU, el número de mujeres fuese aún mayor.

Por todo esto, en resumen, el tuit de Izquierda Unida contiene una información dudosa y difícilmente verificable, pero que no se puede refutar simplemente contando el número de hombres y mujeres que estudian en la Universidad porque:

  1. El tuit explica una situación con un ejemplo ideal que pocas veces se produce tal cual.
  2. De ser cierta la afirmación, el porcentaje de familias en el que se produjo esa situación es suficientemente bajo entre las que enviaron algún hijo a la Universidad como para esperar que no sea perceptible a simple vista en el reparto de sexos total.
  3. Hay más factores que influyen en las estadísticas de reparto de sexos haciendo de nuevo que la causa señalada por IU sea difícil de verificar con un simple recuento.

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